Aunque, insisto, el Agaricus blazei o champiñón del Sol, si es de calidad y teniendo en cuenta muchos factores en su producción, conservación y almacenamiento, es el mejor champiñón gastronómico en términos absolutos del mundo, soy el primero en reconocer y afirmar que, también, si es verdaderamente de calidad y teniendo en cuenta muchos factores en su producción, conservación y almacenamiento, es también una de las especies más interesantes y más intensivamente estudiadas en biotecnología y medicina, como alimento funcional, y que acreditaría casos clínicos sorprendentes, en ocasiones, en su administración oral, en el estado actual de la ciencia. Soy el primero que lo reconoce y afirma, y el primero que lo opinó en España, por ejemplo, donde lo dí a conocer después de muchos años de trabajo, de ponerle su nombre común en español, champiñón del Sol, y de soportar años de irregularidades administrativas para poder importar lo que considero el mejor champiñón del Sol del mundo, en conciencia, teniendo que recurrir a la generosidad de otros Estados miembros de la Unión y a la propia Comisión Europea. En total, desde que conocí este alimento sorprendente, en 1999, y realicé la primera consulta sobre su importación a la autoridad nacional competente, hasta el día de hoy, en que importo Agaricus blazei natural de Brasil, he tenido que soportar casi seis años y medio de irregularidades administrativas y por parte de un sobrevenido y oportunista intermediario que se me impuso en Brasil. Estos casi seis años y medio de irregularidades se podrían dividir en tres partes:

  1. Desde septiembre de 1999 hasta agosto de 2002. Realizada consulta a la autoridad competente, en septiembre de 1999 se emite un informe tremendamente erróneo por el que no se puede poner en el mercado español ni de la Unión Europea. En agosto de 2002, en la evidencia de que está puesto de hecho en el mercado de la Unión Europea, y que se empieza a producir comercialmente en la propia Unión, solicito la importación específicamente de la semiconserva de este champiñón,
  2. Desde agosto de 2002 hasta noviembre de 2004, en que se me concede, pasando por la generosa intervención de gentiles interlocutores comerciales del Reino de los Países Bajos, de la muy generosa autoridad competente del Reino de los Países Bajos y de la generosidad de la Comisión Europea en respuesta a mis consultas. Las irregularidades administrativas que se evidencian durante ese periodo de tiempo hasta que se me concede la importación de la semiconserva de ese champiñón, con faltas de respuesta reiteradas por parte del Ministerio de Sanidad y Consumo, ante esas pruebas documentales patentes, helarían la sangre a cualquiera.
  3. Desde el 10 de febrero de 2006 hasta el 1 de octubre de 2007, tras detenerse y rechazarse una importación al amparo de esa industria concedida en tiempo y forma legales, sin ni siquiera comunicárseme la notificación de rechazo, no sólo pierdo mi industria, sino que se dicta una Instrucción del MSC, la 34/IM/2006, por la que se puede poner en el mercado (de la Unión Europea) el champiñón fresco pero no deshidratado – por extensión, ningún derivado del mismo. Todo ello, en flagrante contradicción con la autorización que me había sido concedida específicamente el 28 de octubre de 2004, después de haber soportado casi veintisiete meses de procedimiento, y en contradicción con la propia confirmación en tiempo de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición el 19 de octubre de 2004, tras cinco meses sin responder a reiteradas peticiones urgentes de informe por parte de la autoridad alimentaria andaluza, vistas las pruebas documentales que yo aportaba, y por la que se me concedió la industria que sólo contemplaba la importación del champiñón deshidratado en semiconserva. Por supuesto, también en contradicción con la realidad, que es que ese alimento estaba legalmente puesto de hecho en semiconserva en la Unión Europea. No será hasta la generosa intervención de cuatro Estados miembros más de la Unión y de la propia Comisión Europea hasta cuando se me vuelva a autorizar su importación, el 1 de octubre de 2007.

Difícilmente se podrá encontrar un ejemplo mayor de escrúpulo legal por mi parte a los efectos de la importación de ese champiñón que yo mismo dí a conocer en España y al que puse el nombre común en español con el que ha quedado reconocido internacionalmente. Como tampoco difícilmente estimo en conciencia que se podrá encontrar un mayor escrúpulo en importar realmente lo que considero que es el mejor Agaricus blazei Murill del mundo. Ni acaso mayor colección de muy llamativos documentos administrativos, que, según mi opinión, moverían a hilaridad, si no fueran dramáticos en mi caso.

Sin embargo, cuando ya había hecho conocido a este champiñón, con un esfuerzo de años, y antes de que se me concediera y reconociera la primera vez su legalidad en la puesta en el mercado, ya estaba puesto de hecho en el mercado español, en una variedad de producciones indiscriminadas y oportunistas y más oportunistas todavía derivados.

Cuando desde el 10 de febrero de 2006 hasta el 1 de octubre de 2007 se dicta una Instrucción por la que no se puede poner en el mercado (de la Unión Europea, donde además estaba puesto legalmente de hecho) su semiconserva – y, por extensión, todo el pandemónium de oportunistas derivados – la presencia en el mercado español era masiva, con incluso producción de invernaderos en Galicia, promoción en ocasiones en medios de comunicación nacionales, y hasta alcanzar posiblemente ya las grandes superficies – con el mismo nombre que yo le había puesto en español, champiñón del Sol.

Con independencia de los tremendos y oportunistas aprovechamientos comerciales, de las inmensas diferencias de calidades y publicidad agresiva y engañosa que no se corresponde en las producciones indiscriminadas puestas en el mercado con el verdadero champiñón del Sol de calidad y natural; con independencia de los inmediatos contenidos imposibles de la actuación del Ministerio de Sanidad y Consumo, lo que se deduce también inmediatamente es que ni una sola de esas producciones comerciales indiscriminadas y más oportunistas derivados estaban autorizados legalmente en su puesta en el mercado español, aunque alcanzaran las grandes superficies o se publicitaran en medios de comunicación de ámbito nacional.

Esta paradójica situación administrativa, producida seguramente por mi exceso de celo en el reconocimiento legal de este champiñón, el champiñón del Sol, el portobello de almendra, hará más llamativos si cabe los evidentes aprovechamientos comerciales indiscriminados sobre esta seta (además del evidente desconocimiento severo sobre este champiñón de la mayoría de los sitios que lo comercilizaban y comercializan, después de que yo lo diera a conocer en España, al calor de una publicidad agresiva con extrapolación de algunos resultados de investigaciones científicas y casos clínicos con tipos de Agaricus blazei específicos a sus propias producciones y oportunistas derivados – ni siquiera evidenciando conocer que además hay muchas más y más llamativas publicaciones científicas, casos y ensayos clínicos).

Y en esa situación abunda y se relaciona con otras entradas en este Blog la filosofía del dinero fácil y de qué importa cualquier consideración si se venderá mucho sólo por su nombre. Esta seta dio y da muchísimo dinero en el propio Brasil, y lamentablemente también tuve el infortunio de vivir y poder documentar los más tremendos desatinos y falsedades cometidos por un sobrevenido intermediario, como paradigma de la aparente falta de escrúpulo y ética por parte de muchas empresas y hombres de negocios en aprovecharse para ganar a toda costa dinero fácil y sin riesgo.

Para conseguir el mejor Agaricus blazei o champiñón del Sol, para muchos, Agaricus.es.

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