El Agaricus blazei -o “champiñón del sol”, como yo le puse de nombre común en español- es un alimento sorprendente en muchos sentidos. Como seta gastronómica, es impresionante si se trata del champiñón original de calidad. Se trata de un alimento de consumo ordinario fabuloso. Por otra parte, nunca he considerado que este champiñón en sí (ni el mejor ni sus producciones comerciales indiscriminadas) o sus improvisados y graves derivados debieran ser considerados como “complementos alimenticios”. Máxime, cuando los mismos se publicitan atribuyéndoles propiedades farmacológicas frente al cáncer y además no acreditan lo que la seta original en sí; y no ya porque en muchos casos fueran hipotéticamente inanes o inocuos -no servirían para nada-, sino que también podrían incluso elevar el nivel de sustancias indeseables (véanse estas referencias (1, 2, 3, 4, 5).

Cuando algún o alguna gentil lector/a me ha escrito o llamado, siempre he insistido en que si se busca por la actividad farmacológica que se le describe, por casos aparentemente significativos e impresionantes que se le podrían atribuir (yo mismo tuve el privilegio de conocer muchos, por eso mi afición personal por esta seta más allá de mi interés comercial como alimento de consumo ordinario por sus excepcionales bondades fruitivas y nutricionales), o por la publicidad agresiva y a veces engañosa con la que se promociona en internet y en los envases, antes de nada, antes de cualquier consideración, hay que poner toda la información científica disponible en conocimiento de los médicos responsables. Porque se trata de un alimento de consumo ordinario, aunque haya sido rentabilizado de modo gravísimo derrotando el beneficio a la ciencia en múltiples aparentes complementos alimenticios que se publicitan con unas propiedades farmacológicas que no acreditan, cuando no existirían en muchos casos, o en la mayoría; o con esta seta en sí en producciones indiscriminadas de interior, sólo por el nombre (esto se hace más sangrante todavía, cuando el nombre común en español se lo puse en relación sólo con la seta natural, a campo abierto, de las montañas de Piedade, no para las producciones indiscriminadas de interior en cualquier sitio).

Entre la publicidad agresiva y posiblemente engañosa en la mayoría de las ocasiones con que se encuentra en internet, se habla de sus bondades con tratamientos de radioterapia. Podría ocurrir, como ocurrirá con la mayoría de cápsulas y producciones comerciales indiscriminadas, que no acreditara nada (siempre suponiendo que además no incrementara niveles de sustancias indeseables). Pero en el caso de que este alimento se consumiera con otros fines, y además sí acreditara algo, porque fuera la seta en sí de una variedad que se aproximara en algo a la óptima, hay información científica que es preciso tener en cuenta, y poner inmediatamente en conocimiento del médico responsable -incluso si se consume sólo como el excelente champiñón culinario que es-. Por ejemplo, algunas investigaciones sobre la administración de derivados de esta seta, mientras se está sometido a tratamientos de radioterapia.

Reproduzco a continuación una parte del epígrafe del artículo Contra el cáncer en general de blazei.org:

Junto a la quimioterapia, algunos ensayos conteniendo esta seta y algunas deducciones de otros trabajos científicos vendrían a describir sus bondades para el restablecimiento después de sesiones de radioterapia, como Hetland et al. en 2008 [35].

Pero es importante recordar en ese sentido cómo el Prof. da Eira también exponía que, además de que el champiñón del sol tiene efecto en la neutralización de radicales libres (moléculas ligadas a procesos celulares degenerativos) y funciona como un auxiliar importante en algunos tipos de tratamiento, como la quimioterapia, puesto que elimina en parte los efectos colaterales, con relación a la radioterapia, las pruebas realizadas por el equipo coordinado por la profesora Alzira Teruio Yida-Satake, del Departamento de Dermatología y Radioterapia de la Facultad de Medicina de la Unesp de Botucatú demostraron que los tés de algunos linajes son modificadores de la radiorrespuesta. Si se los ingiere antes de la radiación, no interfieren en el tratamiento.

Con todo, ese mismo té administrado luego de la radiación torna al individuo resistente a la radioterapia. El efecto radioprotector también se ha observado con los jugos administrados tanto antes como después de la radiación. Por lo tanto, el tratamiento podrá no surtir el efecto deseado si al té se lo toma luego de la radiación y al jugo antes o después. [74]. Y en ese sentido hipotéticamente también abundaría Masaki et al. (2006). En efecto, en un experimento científico in vitro con fracciones de Agaricus blazei tratadas con hemicelulosa, exponen que por ejemplo, esta característica del ABH podría poner a los pacientes en desventaja en relación con la eficacia de la terapia de radiación para el cáncer. En general, se ha demostrado que las células tumorales son más susceptibles a la irradiación en fase M que en los límites de la fase G1/S del ciclo celular, donde pueden mostrar resistencia durante la última mitad de la fase S. Así, el enriquecimiento de células tumorales en fase S por ABH (fracción de Agaricus blazei tratada con hemicelulosa) podría causar la atenuación de la efectividad de la radioterapia. En contraste, las células tumorales en fase S rinden mejores efectos de calentamiento terapéutico y medicamentos que actúan específicamente sobre la fase S, como los antimetabolitos. La demora sincrónica de las células tumorales en fase S por el ABH (Agaricus blazei tratado con hemicelulosa) podría hacer factibles un número de células para ser expuestas a los medicamentos en fase S por un periodo de tiempo mayor. Además, esto podría resultar en una minoración del tiempo y frecuencia de la administración de los medicamentos [75].

Cierto es que hay algunos ensayos clínicos menores -o de bajo índice de impacto- que apuntan sobre la minoración de efectos colaterales bajo radioterapia, pero eso también se explica. Cierto es que aparentemente hay casos en los que parece que ha ido muy bien con radioterapia. Lo que hay que tener en cuenta, por lo expuesto anteriormente, es si hipotéticamente se podría minorar la efectividad de la radioterapia en algunos casos concretos.

Obsérvese, por el contrario, cómo en muchos sitios en internet se extrapolan sus bondades, o se vierten mitos y leyendas comerciales, también sobre la radioterapia.

Que esta seta es impresionante en todos los sentidos es innegable. Que obsesiona y apasiona al que la ha podido conocer en sus mejores variedades naturales es un hecho que he comprobado durante más de once años en mí mismo y en muchos amigos que he tenido el privilegio de conocer. Pero hay que distinguir siempre entre su verdadera naturaleza como alimento, como una seta gastronómica excepcional, y las investigaciones científicas y casos que se han publicado, conocido o que se estudian, como una de las especies más impresionantes en biotecnología y medicina. Y esto último, fuera de su interés como un alimento de consumo ordinario excepcional, es para muchos de nosotros un hobby, una afición -en casos, por experiencias personales-; un interés personal y aparte de su calidad como alimento o de los intereses comerciales legítimos en ese sentido. Por tanto, toda la información científica de calidad disponible hay que ponerla en conocimiento del personal facultativo responsable cuando una persona opta por consumir esta seta excepcional buscando actividad farmacológica. De tan buena e impresionante que es en muchas ocasiones -es radioprotectora en experimentos animales, mantiene vivas durante dos semanas más ratas del grupo experimental frente a las del grupo de control cuando se las irradia hasta la muerte-, de las bondades como posible adyuvante en algunos tratamientos clínicos o de su actuación en solitario que se le describen en la literatura científica, puede llegar el punto en el que en alguna ocasión, teóricamente, no ayude, sino que en algunas personas pudiera hipotéticamente entorpecer un tratamiento de radioterapia, aunque minorare sus efectos colaterales -en teoría o se constate efectivamente esa minoración.

No se fíen nunca de publicidades agresivas en internet que anuncian de modo general bondades sobre todo.

Yo mismo di a conocer esta seta excepcional en España y durante diez años he podido constatar cómo se creaban leyendas comerciales que no pararon de retroalimentarse, derrotando el beneficio sistemáticamente a la ciencia.

En una somera búsqueda en google.com ha faltado tiempo para encontrar un ejemplo que ilustre la entrada anterior. En las páginas de hifasdaterra.com se encuentra el siguiente documento: http://hifasdaterra.com/cogumelame/wp-content/uploads/2010/03/I-Seminario-de-Micoterapia.Madrid.-Material..pdf

En él se puede leer:

Validación científica:

Champiñón del Sol y Quimioterapia Extracto de AbM (champiñón del sol) fue administrado por vía i.p durante 10 días consecutivos junto con otros medicamentos anticancerígenos durante dos semanas observando los resultados visibles en la tabla: Los datos sugieren que la capacidad inmunomoduladora de AbM favorece la actividad anticancerígena de los quimioterápicos.

AbM aumenta el efecto de la radioterapia.

Lo que no explica ese documento es en qué publicación científica aparecen los datos que muestra. Si fue un experimento animal o un ensayo clínico. ¿De dónde sacan que el AbM aumenta el efecto de la radioterapia? Que las variedades óptimas minoran sus efectos colaterales sí se describe. Pero a tenor de lo expuesto en esta entrada, lo que hay que hacer es tener precaución cuando se está recibiendo radioterapia.

¿Pero cómo no le hacen un favor a la humanidad y a la comunidad científica y nos dan una alegría demostrando que lo que se expuesto en esta entrada no es cierto?

Como dos anécdotas añadidas, no ya fui yo, reitero, el que le puso el nombre común de “champiñón del sol” al champiñón natural de Piedade, precisamente para diferenciarlo de las variedades de interior, como esta gallega, sino que las siglas AbM -con la b minúscula- también las empecé a utilizar yo en 2003 antes de que aparentemente Hifas da Terra supiera que existía el Agaricus blazei.

En ese documento, I Seminario de Micoterapia – Madrid, también se habla profusamente de la Ganoderma Lucidum (Reishi). Permítanme hacer unas breves notas añadidas sobre la historia legal de ambas setas en España.

Para conseguir el reconocimiento legal del Agaricus blazei, o verdadero champiñón del sol, pasé dos calvarios de cerca de cuatro años (http://agaricus.es/legal.html) y soporté lo que nadie se puede imaginar; lo perdí todo en la vida. Sin embargo, a tenor del muy irregular reportaje que me hicieron en DSalud en febrero de 2004, y con posterioridad al mismo, utilizándolo como publicidad, Hifas da Terra hizo un gran negocio con el Agaricus blazei, mientras yo lo legalizaba y volvía a tirarme años para su segundo reconocimiento legal. Aunque se acredita que conocieron la situación, no me ayudaron en nada; simplemente hicieron más negocio. Todavía es mi opinión, creo que respaldada por las autoridades competentes de Austria, Alemania y la Comisión Europea, que habría que ver si las cápsulas y extractos son realmente legales, a expensas de conocer su composición. Al final, les di a posteriori hasta la legalización de esta seta.

Pero es que hasta para el más lego en la materia y el menos despierto de los ciudadanos, cuando se tiene toda la numerosa documentación de mis expedientes, el proyecto del que será el Real Decreto 30/2009, se habría promulgado en algunos aspectos muy influido presuntamente por mi caso. Y ahora resulta que la Ganoderma Lucidum (reishi, pipa, paella, …) es prohibida desde el 24 de enero de 2010 por ese Real Decreto. No tengo interés comercial alguno en esa seta. Creo que, como ocurre con el blazei, en este caso hay también gradaciones importantes de actividades biológicas descritas, y que las mejores son las de alta montaña de Japón. Pero tan irregular resultó, en mi opinión, ese Real Decreto 30/2009, que además viene a prohibir terminantemente la Ganoderma Lucidum -aunque inscribe ahora expresamente al Agaricus blazei, fresco y en conservas, en el Código Alimentario Español-, que voy de nuevo a intervenir y pedir su derogación, precisamente por el caso ilustrativo de la Ganoderma Lucidum (entre otros).

Si no hicieron nada más que aprovecharse de la situación con la seta que yo di a conocer en España y por la que tanto luché durante ocho años entonces (de 1999 a 2007), el Agaricus blazei -salvo gravísimas irregularidades de la Administración sanitaria gallega o de la central-, cabría pensar que aunque injustamente la Ganoderma Lucidum está prohibida en España, aunque la comercialicen de hecho, tampoco harán nada. Yo les volveré a hacer el favor de que se reconozca que es legal su puesta en el mercado español. Entiendo que con la normativa comunitaria de aplicación directa en toda la Unión en la mano, tengo razón.

Sería de interés si ellos hacen algo ahora, porque también comercializan intensivamente la Ganoderma Lucidum y sus cápsulas.