En 1999 conocí el champiñón Agaricus blazei Murill, ahora considerado como una las más importantes especies que se ha comenzado a investigar intensivamente, como alimento, como alimento funcional y en biotecnología por sus propiedades medicinales (Firenzuoli et al, 2007), además de su uso industrial y en alimentación animal. Tuve el inmenso privilegio y fortuna inaudita de conocerlo personalmente por primera vez a través de lo que, en el estado actual de la ciencia, considero como que posiblemente era la mejor cepa micelial, compostaje, emplazamiento de la producción de esta seta tropical, clima, éopca del año, substrato, modo de cultivo, modo de recogida, medio, manera y plazo para su deshidratación para semiconserva, plazo, modo y materiales para su almacenamiento y envasado. En 1999 tuve el inmerecido privilegio de recibir un auténtico milagro en ese sentido.

En 2003 le improvisé el nombre común en español de champiñón del Sol, con motivo de la publicación de un artículo en una revista muy leída. Ese nombre improvisado terminó reconociéndose sorpresivamente como nombre común en español del Agaricus blazei Murill a nivel internacional. Desde luego, no se me ocurrió ni se me ocurre registrarlo comercialmente, como hizo el empresario Mario Kimura con Cogumelo do Sol, el nombre común con el que era y es conocida aún esta seta en Brasil.

Ese mismo año, 2003, improvisé un portal, AbM.objectis.net, en el que ya se ponían de manifiesto mitos y leyendas comerciales sobre la historia de este champiñón. Cómo no podía haber sido consumido por los nativos de la zona, puesto que se “redescubrió” en 1965 en la Sierra de Piedade, en medio de una plantación de Lentinus Edodes y se comercializó más tarde en los años 70 como, en principio, como Agaricus Piedade, básicamente para el mercado japonés, con un consumo mínimo local. Por tanto, eran mitos y leyendas comerciales interesadas las historias sobre la incidencia epidemiológica de bajas tasas de cáncer y longevidad alta entre los habitantes de esa Sierra de Piedade. En esa época ya conocía que se trataba de un champiñón de altísimas calidades gastronómicas y nutricionales, reconocido en el estado actual de la ciencia como uno de los mejores champiñónes gastronómicos del mundo, además de las maravillosas propiedades que evidenciaba, si era óptimo, frente a patologías, algunas muy graves. Ese portal, AbM.objectis.net, se vino abajo, y lo recuperé posteriormente gracias a la gentileza de objectis.org.

En 1945, el Dr. Murill encontraba un espécimen en la finca del Sr. Blaze, en el sur de Florida, y lo clasificó taxonómicamente como Agaricus blazei Murill, publicándolo en 1947 en el boletín oficial de la Academia de Ciencias de Florida. Se trataría en realidad del Agaricus Subrufescens Peck, o champiñón de almendra, clasificado taxonómicamente por el Dr. Peck en 1898. No es la misma seta, pero taxonómicamente su clasificación sería la misma. Simplemente nadie reparó en ello, y la clasificación de Agaricus blazei Murill se mantuvo.

Por algún motivo, ese Agaricus Subrufescens Peck llegó y se aclimató en la Sierra de Piedade, en el Estado brasileño de Sâo Paulo, cambiando algunas estructuras y composición internas a lo largo de muchas generaciones, y fue ‘redescubierto’ en 1965 por un agricultor de origen japonés en esa zona, en una plantación (llamada ‘Bel Air’) de Lentinus Edodes (shiitake), a unos siete kilómetros del Trópico de Capricornio.

El Sr. Furumoto remitió muestras a instituciones académicas argentinas y japonesas, que no supieron identificarlo, por lo que a nivel brasileño lo comercializó como Agaricus Piedade. Merced a su gran valor gastronómico, al origen japonés del Sr. Furumoto, su ‘redescubridor’, y atendiendo al mercado japonés, también lo denominó con el nombre japonés de Himematsutaké (‘Princesa Matsutaké” – siendo así que el Matsutaké, Tricholoma Matsutaké, es la seta gastronómica más apreciada, cara y prestigiosa de Japón, de consumo obligado al menos una vez al año en celebraciones).

En 1967 el taxónomo belga de prestigio, Dr. Heinemann, a través del Dr. Iwade, de la Universidad japonesa de Mie, amigo personal del Sr. Furumoto, como acredita con la correspondencia personal que mantuvieron, lo identificó como ese Agaricus blazei Murill clasificado en 1947 por el Dr. Murill en Florida. Frente a la miríada de leyendas y falsos mitos comerciales, auténticos desatinos con fines espurios que combatí y vencí durante años, se puede acreditar ese verdadera historia a través del testimonio y cartas de un colaborador del Sr. Furumoto en esa época y durante toda su vida, el ingeniero agrícola brasileño D. Ernesto Noburu, así como a través de la correspondencia del ‘redescubridor’ del blazei, Sr. Furumoto, con el entonces alto responsable de la Universidad de Mie, en Japón, Dr. Inosuke Iwade.

El Dr. Iwade posteriormente fundaría el prestigioso Iwade Mushroom Institute, dependiente orgánicamente de esa Universidad de Mie, y que durante casi treinta años ha mostrado el mayor interés y la disposición de todos los medios posibles en el estudio de este champiñón, bien es cierto que con deducidos propósitos comerciales, por lo que necesitaban una especie o variedad propia; y eso es lo que hicieron, desarrollar una cepa micelial propia y comercial; algo que le  llevó más de ocho años.  Pero también no es menos cierto que no repararon en gastos (miles de millones de yen, literalmente) en intentar por primera vez y seriamente la producción de este champiñón en Japón (no en invernaderos como en la Unión Europea, EE.UU, e incluso Brasil, en muchas ocasiones), sino adaptando el entorno forestal en la isla de Okinawa y experimentando sin descanso sobre una est irpe micelial óptima, buscando la optimización de una inaudita actividad farmacológica que se empezaba a describir en el blazei original de Piedade que se importaba a Japón como un alimento de alto valor fruitivo y nutricional.

Nunca consiguieron lo que esa seta original acreditaba; todo lo más, después de casi ocho años de investigaciones, lo mejor que les salió es la llamada Himematsutake Iwade Strain 101;, que comercializaron y comercializan en la forma de derivado, de su extracto hidrolizado en bolsitas para tés.

Fueron los Dres. y profesores de prestigio de la Universidad de Mie y del Iwade Mushroom Institute los primeros en apreciar que cualquier cultivo de invernadero o adaptación de esta seta a otros entornos no servía para nada (los trabajos de esos Dres. en literatura científica de alto índice de impacto se multiplicaron durante más de treinta años y hasta la fecha del presente). Sin embargo, esas producciones de invernaderos y siguiendo métodos industriales maximizando la rentabilidad es lo que se encuentra en el 95 % de los casos en el mercado de prácticamente todo el mundo.

Durante los últimos veinte años se multiplicaron los estudios animales, in vitro, y desde hace unos diez,  las observaciones y los ensayos clínicos, en relación con su capacidad nutricional, pero principalmente en distintos tipos de líneas tumorales, así como diabetes mellitus tipo II, hepatitis B y C, efectos de reducción de la grasa corporal y de la infiltrada en las vísceras y de reducción del colesterol y azúcar en sangre, así como contra otras patologías graves.

De igual modo, durante los últimos años, científicos como Wasser y empresarios como Mario Kimura (el que registró como nombre comercial su nombre común de Cogumelo do Sol) propusieron distintas clasificaciones taxonómicas. Ambos tendían a considerar al Agaricus blazei Murill – Champiñón del Sol – como una especie nueva de Brasil. En el primer caso, aunque ha quedado claro en el estado actual de la ciencia lo contrario, según mi opinión, las dudas al respecto de un auténtico icono en Micología, como el Dr. Stamets, hará que se precise el consenso de la comunidad científica para establecer de modo definitivo el verdadero taxón de este champiñón; en el segundo, desde el primer momento demuestra un propósito meramente comercial, un auténtico desatino con fines meramente lucrativos.

Una respuesta to “Historia”


  1. Basta que salga un artículo en algún sitio que llame mucho la atención de personas con patologías graves, para que se multipliquen los derivados que abusan en su promoción de las investigaciones sobre los productos originales que se estudiaron de verdad …

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